7/10/16

Intentar para vencer


El anuncio del Premio Nobel de la Paz para el presidente Juan Manuel Santos, invita a pensar en lo que ha sido el proceso de elecciones en nuestro país, en el que por muy corto margen, los colombianos le dijeron no a la refrendación de los acuerdos de paz con las Farc, dejando desconsolados a quienes creemos en una salida negociada al conflicto, y asombrados a los que nunca pensaron que la paz se podía desechar, pero que decidieron arriesgarse a que esto sucediera.

En el limbo en el que estamos, por cuenta de los resultados, se han presentado numerosos encuentros y desencuentros entre quienes se proclaman vencedores, desconociendo a los verdaderos protagonistas de esta historia: las víctimas, y los que anhelamos un cambio y un nuevo país. 


Esta experiencia ha sido poco grata en la mayoría de los casos, pero nos ha permitido analizar lo sucedido, ver la realidad en todos sus matices, reconocernos en el otro e imaginar posibles salidas para el desastre en el que estamos, mientras vemos cómo los guerrilleros de las Farc regresan a sus campamentos, el gobierno y la oposición se sientan a dialogar indefinidamente y el terror a la violencia aparece de nuevo en la mente de todos.

Unos dicen que lo que falló fueron las comunicaciones, otros que el error estuvo en la pedagogía por parte del gobierno, hay los que dicen que lo que influyó fue la campaña de desprestigio del no, y los que creemos que el lío estuvo en la falta de criterio de los electores y en el alto número de abstencionistas. Los primeros, decidieron creer en otros antes que en sí mismos, y los segundos, en medio del arrepentimiento por su falta de participación, han decidido acompañar las marchas multitudinarias a favor de la paz.

A diario, los colombianos discutimos los asuntos políticos del país, pero en contraste con esta cotidianidad, la mayoría carece de un criterio frente a los problemas que nos afectan, situación que se agrava con la influencia de los medios de comunicación, quienes no cumplen con su labor social de comunicar con responsabilidad, y se limitan a informar, y en varios casos a tomar partido, velando únicamente por los intereses económicos de unos pocos.

Además, y acaso sea el factor determinante en esta coyuntura, la educación en Colombia presenta múltiples fallas que no han logrado ser corregidas: no conduce a un análisis del contexto, no involucra al estudiante, no invita a tener un pensamiento propio, no establece puntos de vista en común y no crea líderes, a duras penas hace ciudadanos apáticos que deciden ignorar lo que sucede a su alrededor, y seguidores dispuestos a irse al abismo con el primero que los inspire, porque la falta de conocimiento ocasiona que la inspiración consista en creer ciegamente en otro, sin mirar hacia adentro.

De ahí el gran reto que tenemos y hemos tenido siempre: educar para forjar individuos que aporten, no simples espectadores que piensen que otro puede y debe arreglar la realidad de la cual hacen parte, sino que intenten construir para lograr y perseveren para alcanzar, a pesar de las circunstancias.

Los comunicadores estratégicos decimos que hay que hacer ver y hacer hablar, siempre con un sentido en común, y ese es el norte al que debemos apuntar como país, permitiendo que los colombianos tengan una voz, y no deleguen sus decisiones en quienes los engañan por medio de discursos basados en el temor y la intimidación, esa es la verdadera democracia.

Con educación y determinación se acaba el miedo, se intenta, se fracasa y se vuelve a intentar, porque se entiende que eso ya es un triunfo. El premio nobel dado al presidente y los días difíciles por los que hemos pasado, son un claro ejemplo de aquello de lo cual sabemos muy poco, pero que con interés podemos aprender: hay que intentar para vencer.

Es imposible no recordar a García Márquez cuando afirmó que: "
Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez". 

Por eso hoy unos cuantos nos sentimos ganadores y queremos seguir adelante, con la certeza de que 
Macondo siempre nos sacará una sonrisa.

12/8/16

Orientación desorientada


En 2008, Colombia votó a favor de la declaración sobre orientación sexual e identidad de género de las Naciones Unidas, iniciativa francesa que condena la violencia, el acoso, la discriminación, la exclusión, la estigmatización y el prejuicio basado en la orientación sexual y la identidad de género.

Nadie se acuerda de esto y no he visto que lo hayan publicado en ningún lado. Lo encontré investigando sobre el tema, a raíz del despelote por la publicación del manual antidiscriminación, elaborado por el Ministerio de Educación y la ONU, y al ver el mar de estupidez en el que estamos viviendo, donde un día se apoya una idea y otro día se condena, obedeciendo a unos intereses mezquinos y donde poco importa el bienestar de los ciudadanos y mucho menos el de los niños.


No se sabe quién ha actuado peor en estos días: los 
políticos frustrados y moralistas desesperados encargados de desinformar, quienes con sus discursos absurdos, propios del egoísmo y del miedo, solo contribuyen al detrimento del país; el gobierno, que decide abandonar la lucha por una iniciativa que debería considerarse como obligatoria; la Iglesia, que se sigue oponiendo a todo lo que genere un cambio, olvidando la máxima: "No hagas a los demás, lo que no quieres que te hagan a ti"; o nosotros, quienes seguimos creyendo que estos temas solo deben tratarlos otros y no hacemos ni decimos nada al respecto.

Lo único claro de todo esto, es que el caos en el que vivimos nos exige seguir soñando y ser cada vez mejores; promoviendo el cambio en nuestros entornos, pero sobretodo en nosotros mismos.


Lo anterior, es lo único que nos permitirá surgir y es lo mínimo que podemos aportar para la construcción de un futuro incluyente y lógico, que dependerá totalmente, de quienes contamos con las herramientas para hacerlo realidad.


No olvidemos que en tiempos de redes sociales, cuando predicar es más fácil que aplicar, tenemos la responsabilidad de aportar una mirada amplia, propia y distinta, que refleje nuestra libertad, esa libertad que tanto queremos para otros porque nos llama desde adentro.


Las mentes estrechas solo aprietan y nunca darán la talla en la creación de un mundo, en el que la respuesta quizás sea tener la capacidad de ponerse en los zapatos del otro y prestar los propios cuando haga falta.


15/6/16

El miedo a la competencia


Estigmatizar a quienes han optado por ser técnicos o tecnólogos y no estudiar una carrera profesional tradicional, muestra un total desconocimiento frente a las nuevas dinámicas sociales y una gran inseguridad frente a las propias capacidades.

Ni los técnicos, ni los tecnólogos, están por debajo de los profesionales, simplemente han escogido un camino distinto e igualmente válido.

Si usted es profesional y teme al nuevo sistema educativo que se implementará en nuestro país - lo cual es comprensible ya que la competencia cada vez es mayor - lo invito a que se prepare mejor, adquiera una mayor experiencia, fortalezca su autoestima y sobre todo, amplíe su red de contactos, ya que de lo contrario, técnicos, tecnólogos y profesionales excelentes, le pueden quitar el puesto.

Ser un buen profesional no se determina por el nivel de estudios, sino por el trabajo diario y a conciencia que cada uno realice para alcanzar sus sueños y para contribuir a que los demás también lo logren.

Hay muchos profesionales con doctorado que dan vergüenza y también muchos líderes que no se graduaron de ninguna universidad y están cambiado el mundo.

El miedo paraliza y en tiempos de cambio hay que actuar más y hablar menos.